Botellas filtrantes
Beber agua de un río o una fuente sin sacar la bomba, sin pastillas y sin esperar: llenas la botella y bebes por el tapón o la pajita, que llevan el filtro integrado. Eso resuelve el problema de hidratarse en marcha sin montar nada intermedio.
Cuándo encaja. En rutas donde hay arroyos o fuentes cada pocas horas y no compensa parar a filtrar varios litros de golpe. Al ser una botella, ocupa lo que ya llevarías para beber y no añade un sistema aparte. Si el agua sale razonablemente clara y fría, el gesto es llenar, enroscar y seguir.
Lo que pocos miran antes de comprarla. El filtro es una membrana que retiene bacterias y protozoos, pero no virus ni contaminación química. Eso importa según de dónde salga el agua: en un arroyo de montaña suele bastar; aguas abajo de un pueblo, en una zona con ganado o en canales con residuos puede no ser suficiente. No es un purificador total.
Cuándo se queda corta. El caudal baja según se satura el filtro y el agua turbia lo satura mucho antes. Conviene dejar posar el agua antes de filtrar o elegir el punto más claro. Si la fuente es dudosa por virus o químicos, o el agua viene muy cargada, una botella filtrante no es la herramienta adecuada.