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Generadores de combustible

Primero, el aviso que no se salta. Nunca dentro de casa, nunca en un garaje aunque la puerta esté abierta, nunca cerca de una ventana o una rejilla de ventilación. El monóxido de carbono no huele, no irrita y mata durmiendo. Es el error que se repite en cada temporal.

Un generador fabrica su propia electricidad quemando combustible. Aguanta lo que aguante el depósito y se rellena. Es lo único que mantiene una casa entera durante días. Es la elección buena en un apagón largo, con sitio al aire libre y lejos de ventanas.

El ruido y la electrónica. Los decibelios de la ficha se miden a siete metros; a dos metros y de madrugada, un generador barato es insoportable para quien vive al lado. Una nevera moderna, una caldera o un portátil piden corriente limpia, y para eso hace falta inverter. El convencional vale para una radial o una bomba.

Gasoil o gasolina: el gasoil gasta menos y dura más, pero en portátil es escaso, pesado y caro. La gasolina es lo que se encuentra; los bicombustibles añaden gas, que no caduca guardado. Donde no llega: un piso. Sin un sitio al aire libre y lejos de ventanas, no es opción.

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