Placas solares
Una placa no da electricidad cuando hace falta: la da cuando hay sol. Por eso solo tiene sentido junto a algo que la guarde —una estación eléctrica o una batería—, y comprarla sola es el error típico.
La elección buena depende de si la vas a mover. La plegable se guarda y se orienta a mano; es para llevar y traer. La rígida se atornilla al techo de una furgoneta o una caseta y se olvida, pero ya no se mueve.
Lo que casi nadie espera. Los vatios que anuncia son el pico en condiciones de laboratorio: sol de mediodía, placa perpendicular y panel frío. En el mundo real se saca bastante menos, y en invierno o con nubes, mucho menos. Donde se atasca la gente de verdad es en el conector: MC4, Anderson, XT60, DC de varios diámetros. Una placa estupenda que no encaja con la estación que ya tienes no sirve de nada hasta que aparece el adaptador correcto.
Dónde no llega. A sustituir una batería cargada. Una placa alarga la autonomía; no es un plan de emergencia por sí sola.