Un pack de 42 mecheros de gas con cuerpo de plástico, en colores translúcidos y sólidos. No es un mechero para llevar encima: es la compra que haces una vez para sembrar fuego por todas partes. Uno en la mochila de emergencia, otro en el coche, otro en el botiquín, otro en la cocina, varios en el cajón de los trastos. Cuando necesitas una llama, lo importante no es tener el mejor mechero del mundo, sino tener uno a mano.
Lo que decide una compra así no es la calidad de cada unidad, sino la redundancia. Un solo mechero bueno falla el día que lo pierdes o se queda sin gas; cuarenta y dos repartidos convierten el fuego en algo estadísticamente garantizado. Son de gas y no recargables, así que cada uno tiene una vida limitada, pero esa es justamente la lógica del pack: cuando uno muere, coges el siguiente. Los translúcidos tienen una ventaja práctica: se ve cuánto gas queda dentro antes de confiar en ellos.
Lo que falla primero en estos mecheros es la rueda o la válvula tras mucho tiempo guardados, y el gas se escapa lentamente si se almacenan con calor. Guárdalos en un sitio fresco y seco, lejos de fuentes de calor y del sol directo, y comprueba de vez en cuando que los que tienes repartidos siguen encendiendo. Un mechero que lleva dos años en el fondo de una mochila merece una prueba antes de que lo necesites de verdad.




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