Una linterna de mano hace lo que un frontal no puede: alumbrar lejos. Sirve para identificar algo antes de acercarse —un cruce de sendero, un animal, el estado de una pista, alguien que se ha separado del grupo— y para señalizar.Las pequeñas ganan a las grandes por una razón. Porque están. Una linterna potente en un cajón no ha alumbrado nunca nada; una modesta en el bolsillo resuelve el apagón, el portal sin luz, la llave caída bajo el coche y el cuadro eléctrico del trastero. La mejor linterna es la que llevas encima.El zoom permite pasar de un haz abierto, para moverse, a uno concentrado, para mirar a distancia. Es útil de verdad si sales de noche al campo; en ciudad apenas se usa.El coste del brillo. Los modos máximos vacían la batería deprisa y calientan el cuerpo de la linterna. Se usan a ráfagas, para mirar y volver a un modo bajo. Alumbrar un camino entero en máximo es la forma más rápida de quedarse sin luz.