Neveras de compresor

Una nevera de compresor enfría igual que la de casa: con un circuito de gas y un compresor. Es lo que la separa de las neveras termoeléctricas o de las de placa Peltier, que solo bajan unos grados respecto al aire de alrededor y no congelan nada.

Cuándo conviene. En furgoneta, caravana, barco o una caseta sin red: mantiene la comida y las medicinas a temperatura, y las buenas congelan hasta −20 °C con el coche parado. También en un apagón largo en casa, enchufada a una estación eléctrica.

Lo que se descubre al usarlo. Que lo que decide no son los vatios sino los amperios hora al día, y que esa cifra depende del calor que haga fuera: los fabricantes dan el consumo a 32 °C de ambiente, y en agosto dentro de un coche cerrado se pasa de ahí. Que todas traen protección de batería en varios niveles para no dejarte sin arrancar, y que el nivel más protector puede apagar la nevera antes de lo que esperabas. Y que la temperatura mínima que prometen no se alcanza si el ambiente supera los 32 °C.

Cuándo no sirve. Para una nevera de casa en un apagón corto: la de casa aguanta cuatro horas cerrada y no hay que comprar nada. Y para enfriar una bebida en diez minutos sin electricidad de sobra, tampoco: el compresor tira de batería mientras trabaja.

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